Murió despacito y solo. No hubo nadie a la cabecera de la cama escuchando su último Rosebud. Nadie para constatar aquel milagro de la estadística, el primero de su clase que moría de vejez en la cama. Lo encontraron frío y empapado en lágrimas. En su mano derecha, crispada, había un sobre azul con el logotipo de un pececito sonriendo.
María fue la que avisó a sus hermanas. Cuando llegaron y se hicieron cargo de él, la más pequeña no pudo evitar echar un vistazo rápido al contenido del sobre que había acompañado a su hermano mayor en su último suspiro.
Dentro no había ningún documento importante, ni una clave bancaria, ni una felicitación... había una tarjeta con la imagen de San Antonio rodeado de pájarillos en una vidriera, una lectura del evangelio en muchos idiomas, una octavilla de una hoja de libreta y una carta. Todo lleno de la misma letra redondeada y dulce.
Sólo pudo leer la octavilla antes de que su hermana mayor la descubriera y se la quitara de las manos. Era una espécie de parábola china, que venía a decir más o menos así:
"Un anciano indio describió una vez sus conflictos interiores:
-Dentro de mí existen dos peces. Uno de ellos es un poquito malo, y el otro es bueno y dócil. Los dos están siempre luchando...
Entonces le preguntaron cual de ellos acabaría ganando. El sabio guardó silencio un instante, y después de haber pensado unos segundos respondió:
-Aquel al que yo alimente..."
domingo 28 de marzo de 2010
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